ChatGPT de practicante barato a ventaja injusta

ChatGPT de practicante barato a ventaja injusta

En menos de dos años, la IA generativa dejó de ser “tema de innovación” y se volvió tema de caja (sí, $$$). Está en comités ejecutivos, juntas directivas y, sobre todo, en el WhatsApp del emprendedor que intenta sacar el día. El problema no es usarla. El problema es cómo.

Hoy la mayoría de empresas la trata como un practicante de primer semestre: “hazme un resumen”, “redáctame un correo”, “tradúceme esto”. Cumple. A veces sorprende. Pero si tu relación con la IA termina ahí, estás comprando un Ferrari para ir a mercar.

Mientras tanto, las empresas que realmente están ganando no están “chateando”. Están montando una «arquitectura sólida»: memoria, procesos, criterio, entrenamiento y gobernanza alrededor de la IA. Y esa palabra —arquitectura— es clave. Pasa lo mismo con la educación: no es el colegio o el curso lo que cambia el destino; es el diseño del sistema completo de aprendizaje. El acceso ya no es el cuello de botella. El cuello de botella es el criterio. 

En Colombia esto no es un debate filosófico. Es productividad pura. Nosotros no tenemos un problema de horas trabajadas; tenemos un problema de valor generado por hora. Por eso la pregunta dejó de ser “¿debo usar ChatGPT?” y se volvió más incómoda: ¿cómo lo convierto en un multiplicador de foco, criterio y velocidad para mi negocio?

Lo que estás dejando sobre la mesa

Aquí va la idea central: ChatGPT puede jugar cinco roles distintos dentro de una empresa. Si solo lo usas como redactor barato, estás dejando cuatro quintas partes del valor tiradas en el piso.

1) El Clon: tu criterio empaquetado

No es “que escriba como yo”. Es que recuerde lo que yo olvido cuando estoy cansado: prioridades, contexto, decisiones pasadas, tono, límites. Un Clon bien armado te ahorra re-trabajo, reduce inconsistencias y acelera decisiones pequeñas que hoy te roban energía.

Ejemplo realista en servicios B2B: responder a leads con tu estilo, con tus reglas comerciales, con tus “no negociables”, sin sonar genérico.

2) El Enjambre (Swarm): ejecución en paralelo

Mientras tú piensas, el Enjambre ejecuta: recopila info, propone opciones, arma borradores, prepara checklists, identifica riesgos. No te reemplaza: te desatasca. Te devuelve tiempo, que es lo único que no se compra.

Ejemplo: preparar una reunión con un cliente: resumen de cuenta, hipótesis de necesidades, agenda sugerida, preguntas difíciles, próximos pasos, y hasta un “plan B” si la reunión se enfría.

3) El Abogado del Diablo: el mercado antes del mercado

La mayoría de líderes se rodea de gente buena… y complaciente. El Abogado del Diablo sirve para hacer lo que casi nadie hace: romper tus argumentos antes de que el mercado lo haga con factura incluida.

Ejemplo: pruebas de objeciones comerciales, puntos débiles de tu propuesta, incoherencias en precios, riesgos reputacionales, “cosas que un cliente no te va a decir en la cara”.

4) El Neural Link: entender sin volverte lorito

Esto es un gimnasio mental: usar la IA para aprender rápido sin repetir jerga. No es “explícame como si tuviera cinco años”, sino “enséñame hasta que pueda tomar decisiones”.

Ejemplo: entender IA, data, ciberseguridad, finanzas o regulación con casos aplicados a tu empresa: qué cambia, qué no cambia, qué preguntas debo hacerle a mi equipo, qué métrica manda.

 

5) El Coach Ejecutivo: orden en medio del ruido

Hay decisiones que no se resuelven con más información, sino con más claridad. El Coach Ejecutivo no te adula. Te incomoda. Te obliga a priorizar, a nombrar miedos, a escoger trade-offs.

Ejemplo: “tengo tres apuestas, poco equipo y un trimestre flojo: ¿qué recorto, qué protejo y qué duplico?”

El salto que separa “juguete” de “ventaja injusta”

La diferencia entre empresas que “juegan con ChatGPT” y empresas que lo convierten en ventaja no está en el modelo. Está en tres cosas:

  • Criterio: reglas claras de qué se le pide, qué no, y cómo se valida.

  • Proceso: que lo que funciona se vuelva repetible y enseñable, no un truco del fundador.

  • Gobernanza: límites, permisos, datos sensibles, trazabilidad y métricas.

Porque sí: el mismo modelo que hoy te redacta un post puede —bien configurado— revisar contratos, estructurar propuestas, simular objeciones, preparar juntas, diseñar rutas de aprendizaje para el equipo y acompañarte en decisiones de alto riesgo.

Pero no lo hará por arte de magia. Lo hará cuando dejes de tratarlo como practicante y empieces a operarlo como sistema.

Y ahí está el punto: en 2026, la ventaja no será “usar IA”. La ventaja será tener una empresa capaz de pensar mejor y ejecutar más rápido con IA, sin volverse dependiente de ella.

La pregunta final no es tecnológica. Es directiva: ¿vas a seguir pidiéndole tareas… o vas a diseñar una arquitectura que multiplique tu criterio?

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