Comparte este contenido:
El Clon suena a ciencia ficción hasta que lo pruebas una semana.
Ahí te das cuenta de algo incómodo: el empresario promedio no usa ChatGPT, lo “improvisa”. Abre la pestaña, escribe una pregunta genérica, espera magia… y se queja de que la respuesta es genérica. Es como contratar al mejor consultor del mundo y no contarle nada de tu empresa.
El empresario que entiende el juego hace lo contrario: no pide “respuestas”, construye un clon.
No un doble para presumir productividad, sino una representación operativa de su experiencia, su tono y sus prioridades. Un “jefe de gabinete” digital que no arranca desde cero cada vez que lo necesitas.
Porque aquí está la verdad: tu contexto vale más que cualquier prompt. Lo que tú has vivido —clientes difíciles, decisiones duras, aprendizajes caros, intuiciones afinadas a golpes— es lo que no está en internet. Y si cada conversación con la IA empieza con “hola, soy X, hago Y, mi empresa es Z…”, estás pagando dos veces: con tiempo y con claridad mental.
El Clon evita ese desgaste. Te devuelve continuidad.
El movimiento 1: extracción brutalmente honesta
Arrancas por lo que casi nadie hace: poner tu mente en la mesa sin maquillaje. Abres ChatGPT (idealmente en modo voz) y le das una instrucción clara:
“Vas a entrevistarme durante 20 minutos para entender mi rol, mi historia, mi forma de decidir, mis sesgos y mi estilo. No me dejes irme por las ramas.”
Y respondes como empresario, no como perfil de LinkedIn. Hablas de fracasos, manías, obsesiones, tus “no negociables”, los tipos de clientes que sí quieres y los que ya no toleras, lo que te da miedo admitir en una junta. Ese material —audio transcrito— es oro.
El movimiento 2: síntesis útil (no bonita)
Luego le pides que convierta ese caos en un documento que sirva para operar. No para inspirar. Para ejecutar. Algo como:
“Ordena lo que dije en estos bloques: quién soy, cómo tomo decisiones, qué priorizo, qué debo evitar, cómo debe escribirse cuando habla en mi nombre, y ejemplos de mi tono en distintos contextos.”
Aquí es donde se separan los aficionados de los serios: editas. Ajustas frases, corriges exageraciones, agregas ejemplos concretos:
“Cuando hablo con un banco, mi tono es sobrio, orientado a riesgo y evidencia.”
“Cuando hablo con founders, soy directo, más informal y me enfoco en velocidad.”
Sin ejemplos, el clon se vuelve caricatura.
El movimiento 3: memoria larga + contexto por proyecto
Finalmente lo “instalas” donde vive tu trabajo: en instrucciones personalizadas, en proyectos, en espacios de ventas, contenido, estrategia, producto. Y lo afinas por frente:
En ventas enterprise: sobriedad, claridad, objeciones y riesgo.
En contenido: más provocación, más historias, menos tecnicismo.
En estrategia: escenarios, trade-offs, decisiones.
Ahí cambia todo. Dejas de recibir respuestas que podrían servirle a cualquiera. Empiezas a ver propuestas que suenan a ti, pero en tu mejor versión: más claro, más ordenado, menos reactivo. No pierdes tiempo reescribiendo correos que “no se sienten tuyos”.
No tienes que repetirle a la IA la misma historia diez veces. Y, de paso, empiezas a notar tus propios patrones: el clon vuelve visible lo que tú dabas por obvio… incluso cuando eso te limita.
Y aquí viene el giro: el Clon es el primer nivel. Es calidad. Es consistencia. Es criterio amplificado.
Pero el siguiente post es sobre escala.
Si el Clon es tu versión aumentada, el Enjambre es tu pequeño ejército: agentes y flujos que ejecutan en paralelo mientras tú decides. Pasamos de “pensar mejor” a “mover el negocio más rápido” sin quemar al equipo… ni quemarte tú.