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De hacer todo a mano a orquestar un ejército de agentes
Después de construir El Clon, uno entiende una verdad simple: la IA no te sirve por “lo que sabe”, sino por cómo te sostiene el contexto. El clon te da continuidad, tono, criterio empaquetado. Pero hay un límite: puedes pensar mejor, sí… y aun así seguir ahogado en ejecución.
Ahí aparece el siguiente salto mental: dejar de usar ChatGPT como una persona con la que conversas, y empezar a usarlo como una sala de operaciones.
Porque muchos empresarios en Colombia viven en modo héroe: contestan WhatsApps, corrigen propuestas, revisan contratos, piensan la estrategia y, de paso, hacen de psicólogos del equipo. Luego miran a la IA y le piden… que les resuma un PDF. Es como tener un equipo de 20 personas y ponerlas a todas a cambiar el mismo bombillo. Mucho movimiento, poco avance.
El modelo del enjambre parte de una idea incómoda: tu cerebro solo puede atender una cosa a la vez. La IA, no. Y cuando aceptas eso, dejas de buscar “la respuesta perfecta” y empiezas a diseñar procesos: piezas pequeñas, paralelas, con entregables claros, donde tú no eres el operario… eres el director de orquesta.
El cambio de juego: de chat a flujo de trabajo
Imagina que vendes un servicio B2B y quieres abrir mercado en SaaS. El enfoque tradicional es artesanal: horas en LinkedIn, lista de empresas a ojo, datos sucios, correos copiados, mensajes uno a uno. Trabajo honrado… y carísimo en tiempo.
El enfoque enjambre se ve distinto. No es “hazme prospección”, porque eso te devuelve humo. Es poner a trabajar agentes con tareas específicas:
Uno que encuentre empresas del nicho (con criterios claros: tamaño, país, stack, tipo de producto).
Otro que identifique decisores y señales útiles (crecimiento, contratación, noticias, dolores probables).
Otro que proponga segmentación (no por capricho, por hipótesis de compra).
Otro que redacte tres versiones de outreach (por vertical, por dolor, por evento detonante).
Y uno final que haga de editor duro: “esto suena genérico, esto sí suena humano”.
Tú revisas, metes criterio, ajustas el tono (ahí sirve el Clon) y decides qué sí se ejecuta. El punto no es que la IA “venda por ti”. El punto es que te deje la mesa servida para que tu equipo haga lo que realmente importa: conversar, negociar, cerrar.
Y cuando eso se vuelve rutina, pasa algo poderoso: el negocio deja de depender de tu energía del lunes. Empieza a depender de un sistema.
El enjambre no solo lee texto: te ahorra explicación
Hay otro uso que la gente subestima: el enjambre como traductor de realidad. Una foto del tablero donde definieron el trimestre, una captura del dashboard de métricas, la imagen de un contrato con rayones, una lista de pendientes escrita en el celular. Antes eso exigía que tú narraras todo el contexto: “mira, esto significa…”.
Ahora puedes subir la evidencia y ordenar:
“Léelo. Explícame qué está pasando. Señala tres riesgos. Dame una acción concreta que mueva la aguja esta semana.”
Ahí dejas de describir problemas y empiezas a pedir análisis. Y ese cambio, para un empresario que vive corriendo, es oro puro.
El uso menos glamuroso… y más rentable
El enjambre brilla donde más duele: en el trabajo que no da likes, pero da margen.
Informes de proveedores. Propuestas de consultoras. RFPs interminables. Políticas internas. Contratos llenos de letra pequeña. Antes esto se comía semanas y reuniones eternas. Hoy puedes subir los documentos y decir:
“Compáralos. Arma una tabla con costos, supuestos, riesgos, brechas y condiciones escondidas. Destaca lo que nadie está diciendo explícitamente.”
Y si quieres subir el nivel, cambias el lente:
“Ahora piensa como CFO.”
“Ahora piensa como líder de riesgos.”
“Ahora piensa como cliente final que te va a reclamar si esto sale mal.”
No es magia. Es perspectiva en paralelo. Tu equipo humano puede hacerlo, claro, pero no al mismo ritmo ni con esa capacidad de explorar escenarios sin cansarse.
El peligro del enjambre: enamorarte del volumen
Aquí viene la parte que casi nadie quiere oír: el enjambre también puede volverse una máquina de producir basura… más rápido.
Cincuenta leads inútiles siguen siendo inútiles. Tres resúmenes mediocres no valen porque estén “bonitos”. Diez dashboards atractivos no sirven si no cambian decisiones. La IA es peligrosa cuando te da la ilusión de progreso: te mantiene ocupado, no necesariamente efectivo.
La disciplina está en dos cosas:
Definir el resultado con brutal claridad (¿qué decisión vas a tomar con esto?).
Conectar el flujo con tus sistemas reales (CRM, calendario, soporte, documentación). Si se queda en el chat, se muere en el chat.
El enjambre no reemplaza dirección. La exige.
Y por eso el siguiente paso incomoda
Si el clon te da consistencia y el enjambre te da velocidad, hay un problema inevitable: alguien tiene que decirle qué NO hacer. Alguien tiene que frenar la emoción, cortar el ruido, cuestionar supuestos y detectar autoengaños.
En el siguiente artículo volvemos al territorio del criterio —pero ya sin romanticismo—: entra el modelo que más le molesta al ego del fundador.
El Abogado del Diablo.